domingo, 10 de abril de 2011

La Variante Novedosa

   … Reina tanta oscuridad en la vida,
y está tan necesitada de talentos que
le alumbren el camino, que hay que
considerarlos como si fuesen diamantes;
como algo que justifique la existencia en
el mundo de miles de seres inútiles…
   -Andreiev.


   Es tan distinto tener un genuino, a veces hasta noble afán de darle vida a un libro; no parar hasta lograrlo, que con un poco de fortuna –un contacto de peso, por ejemplo, en alguna editorial famosa-, seguro que se vende en medio mundo, como pan caliente.
   Todo esto a cambio de sentir la simple, profunda necesidad, vocación de escribirlo; hasta que su autor, un buen día, lo termina sin darse cuenta.
   Sólo este último merece llamarse Escritor, sea bueno o malo. Quizás después de un siglo se le seguirá leyendo, ya sea por la sociedad mundial lectora de buen gusto, o por una fiel minoría, de mejor agrado disidente. Manteniéndose actual si es que logra intimarse con eso que llaman obra maestra; o si entre sus líneas tuvo la suerte de abordar cierta variante novedosa dentro de un tema, que nunca a nadie se le había ocurrido. –Contrario a lo que se piensa, no todo está escrito, imaginado (León Felipe lo decía a medias: “Todo está dicho, pero no de todas las formas”); aún es posible arrancarle limaduras a la vida; ¡y es tan relativamente fácil hacerlo!
   Ahora, si ésta, así llamada, variante novedosa se convierte en Tema, desarrollada además, literariamente, como obra maestra, ese artista seguro que lograría modificar un guiño en el gesto del planeta, en pleno siglo XXI. Pero para llegar a semejante punto, tuvo que haber deslizado antes, su lápiz, los suficientes kilómetros de tinta como para maquillarle el rostro a la Madre Tierra: crear su estilo; que por cierto, como todo literato que lo logra, tarde o temprano alguien tiene que darse cuenta de ello, descubrir esa nueva manera –tan escasa en la historia-, decírselo, avisarle que lo ha conquistado. Él jamás se percatará por sí solo; ni siquiera del color, el timbre de la sicología impregnada en sus párrafos, que le obsequian ancho y volumen a la peculiaridad.
En todo caso, los artistas que terminan siendo fiel copia de otro, deberían encontrar el meollo del estilo de este último, el entreteje, el camino sinuoso que lo llevó a crearlo, el “enlace de ideas”, el planteamiento intrínseco de cada línea, para así salirse del laberinto del otro, y dar paso titubeante al suyo. –Opción para quienes no tienen la capacidad de ser originales por sí mismos.

   Ese aborto de escritores-clon que aparecen en la tele, presentando con campanitas su última novela, en pose, vocabulario y voz exagerados, para llenar el hueco innegable; o cada figurín de porcelana intelectualoide, llamado a inmortalizarse en el mausoleo del Premio Nobel, o el Cervantes, o cualquiera otra cripta venida a menos; ¡o como político en campaña, por favor! Todos ellos deberían preguntarse por qué hacen de las letras un prostíbulo barato; cuando las putas han demostrado, en toda época, ser modelos insuperables de inspiración.
   Un “best-seller” es algo que apesta desde su nacimiento; quien lo firma no ha hecho más que masturbarse en la vida. Un burdel de calidad es algo fuera del alcance de semejantes bichos.
   ¿Qué han hecho de la imaginación?

   El espíritu, al humano, se le refleja en su ilimitada inventiva; aun cuando rara vez la ejercite, en pleno derecho.
   Para que la fantasía sea total, se acerque a su frontera invisible, requiere de práctica. Es como aprender a andar en bicicleta entre callejuelas; o lograr el punto óptimo de una bolognesa, experimentando perenne con el aliño. Así de fácil en la perseverancia; de variada en su caleidoscopidad.
   Y así las cosas, sólo el genio puede asomarse a su propio confín.
El más versátil talento de la prosa es el que se atreve a modificar la trama de su historia, cuando así se lo sugiere el espíritu; como el paisajista que de buenas a primeras tiene el valor de ocultar la orilla del lago y buena parte de la montaña, porque se le ocurre, de pronto, que la corteza de un pino era el sutil que necesitaba. –Esa simple, profunda necesidad de hacerlo; jamás de lograr.

   No existe el libro exento de un error de tipeo, omisión o duplicidad de palabras. También los hay que representan un error en sí mismos. Aquí cabe la mayoría de los editados a partir de los años setenta del siglo pasado, a la fecha.
   Páginas inútiles, chispazos de moda para gente de moda en el mundo. Lejos de, al menos, provocar otra arruga en la faz de la Tierra, han proclamado un superfluo mal gusto en la masa lectora; aunado a la plaga mundial de la corrección de estilo: “esto no vende”; “es muy largo, así no vas a tener éxito”…
   La corrección de estilo -salvo excepciones que bien podrían llamarse Índice, Medio y Meñique- suele ser un ingrediente que contiene conservadores químicos, echando a perder, con su sabor plástico, una deliciosa pasta.

   Posiblemente se deba a la extraordinaria, inusitada –superficial, en mayoría- explosión de temas, que en libertad absoluta se pueden vivir hoy, sin censura, por cualquier persona –aquí dormitan las variantes novedosas a descubrir, a disposición del arte; para que éste les otorgue el fondo, el sentido necesario-, que a casi todos los escritores les ha venido dando por hacer apología de la trama, sin darle la importancia que necesita, ¡y cuánto!, la psiqué del personaje.
   Hace muchas décadas que en la literatura no se planta un siquiatra de peso, sin sofá pero sí el necesario libro de notas. Más que nunca se necesita ahora, que las personas se han dejado uniformar la mente de un solo matiz, en todo el orbe, viscerales al unísono en el burdo estilo gringo, con su dosis de espejitos y atontadora tonadita subliminal.

   La actual generación de adolescentes es heroica: sobreviven sin la más puta idea, ni creen en nadie. Son dignos de una transparente admiración y compadecencia. Es epopéyico lo que están haciendo: nada. Su rebeldía es la que contiene mayor ingenuidad de cuantas se han visto desde que sus ancestros se pararon en dos patas: darse una importancia individual sin base alguna –el subconsciente actúa, maquiavélico-, impermeable a todo, que es su nada.
   Esa postura de incautos ha sido su herencia. ¿Qué les queda, sino aceptar lo que hay? Superfluosidad de explosiones en temas sin fin, como fuego pirotécnico entreteniéndolos; pero sin tener a disposición una sola brizna real, comprensible de lo novedoso, que, por supuesto, ¡está sucediendo!
   Abortos-clon con la uña del pulgar muy suave para rascarle las limaduras a la sorpresa; para crear su propio estilo como generación.


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   Había una vez un loquero, tan aburrido de sí mismo que, cuando terminaba su última consulta, el sofá le era de gran ayuda para no perder el juicio.
   Entonces botaba a la basura las notas del día, quedando de frente con la eterna hoja en blanco, y así comenzar de nuevo a darle forma a ese paisaje a lápiz.
   Pero no había remedio, siempre lo echaba todo a perder ese tronco cenizo, que le entraba por una oreja y le salía por la otra.
Y es que el lenguaje posee, a la vez, un lenguaje invisible: el arte de escribir. Además, hay mucha diferencia entre escribir cómodamente sentado; a hacerlo apenas en la orilla, con media nalga al aire: la emoción desbordada.
Borges hubiera sido un mal siquiatra; le faltaba conocimiento de la vida diaria, común y corriente; andar en bicicleta entre callejuelas hasta romper su cápsula de erudición.
Acaso su pacientes serían los mejor medicados; pero siento que se perdió del placer de comprender a muchos de sus colegas, como escritor que era; ese acto de intimación que hace, a un escritor, comulgar con la lectura como nadie puede más hacerlo: los malabarismos mentales por los que tuvo que pasar el autor para lograr la historia, el ensayo, la reflexión… el lenguaje invisible que brota, solamente, de la vida real.

Sé que este corto ensayo ha sido un verdadero caos. Demasiados argumentos en poco espacio. Pido perdón por ello –mantengo una nalga al aire.
Me conformaré con que un colega mío dé con el domicilio de la imaginación, dentro de una variante novedosa, como nuevo tema de la literatura. ¡Porque los hay, carajo!
¡Sería tan reconfortante!

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