martes, 27 de marzo de 2007

Pulsaciones de un Café




PULSACIONES DE UN CAFÉ



   Si toda gran novela contiene varias novelas implícitas dentro de ella misma, todo cuento, por su parte, debe encerrar un gran vacío palpitante fuera de sí.

   El fondo de un cuento se insinúa sutil. En la novela, una mano desnuda puede convertirse en protagonista a largo plazo si está a su alcance algo tan sugestivo como lo es una botella.

   La verdad de una novela brota insinuante, sin prisa. Al cuento le basta un manotazo en la mesa para que exploten todas las verdades juntas; midiendo tu pulso mientras das vuelta a la hoja, sin percatarte de que el café se ha derramado sobre tu mesa vacía.

   Mejor que nadie lo dijo Cortázar: “la novela siempre gana por decisión; el cuento, por knock-out”.
   Al final, el café quedará impregnado también entre las hojas del cuento para que el próximo lector remoje sus opiniones, empapándose en ese instante circunstancial que alguna vez el autor vislumbrara impermeable, expreso y con el postrero latir del ron absorbido por la madera acostumbrada.

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