lunes, 26 de marzo de 2007

Orgía en Mi




ORGÍA EN MI


La magia en literatura se basa en el dominio de un universo dentro del proceso: de todo un poco, hasta que encuentres lo poco que dejaron de tu todo. Algo así como escribir la Orgía en Mi para lápiz y papel.

Tomando en cuenta que una persona uniformada se nulifica emocionalmente, ante sí misma, a la mínima expresión, los miembros de la orquesta interpretarían la Orgía en Mi desnudos, en la sala vacía; el mismo director ofreciendo sus axilas y el trasero al universo colándose a manera de rayo de luna, desde el tragaluz; mientras el Ministro de Educación, en su residencia, fragua el próximo impuesto por el uso de la eñe y la che: tildes y corchetes; al tiempo que en la azotea un macho torturado se aprovecha de lo poco que otros dejaron de la partitura –después del pago de derechos-, a capela, de una gata en brama.

Tal vez los perros te sean indiferentes; pero un gato, o se adora o se odia; sobre todo cuando se cruzan en la solana, arriba de tu cama. Señal impostergable para el perro de convertirse en legalidad vigente, útil para transformar ese rayo de luna en infierno de vanos intentos.
Creo que al menos los perros no tienen idea de la muerte, ni siquiera la presienten; simplemente se concretan, en su momento final, a seguir gozando de lo poco que les queda de su todo. En todo caso, si la intuyeran la aceptarían conformes, sin importarle a ninguno lo que hubiera después.

El creador de la Orgía en Mi ha sido tan falto de tacto que, al tener idea de un más allá del tragaluz –buen título para su próximo libro-, presiente al infierno bajo sus pies desnudos; a tal grado que la orquesta completa, en medio del silencio contenido en la sala,  materializan su tormento en esta vida.

Es entonces que el artista se uniforma. Las tildes y corchetes pasan a engrosar un ejército derrotado por las garras de la burocracia.

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