martes, 27 de marzo de 2007

Accidente en Tres Actos




ACCIDENTE EN TRES ACTOS



   Alguien dijo que la primera vez que una persona lee algo con valor literario, lo descubre. La segunda, lo asimila –lo digiere-. En una tercera oportunidad seguro logrará hacerlo suyo.

   A diferencia del lector, quien lo crea hace suyo el escrito desde el momento en que comienza a redactarlo. Luego lo asimilará a su manera –nutre, censura-, en su personal perspectiva. Finalmente lo descubre, al revelársele íntegra esa verdad que culmina con la obra.

   La percepción inicial del lector equivale a la plenitud del artista; en la misma proporción a la idea original de éste respecto a la posesión absoluta de aquél. Lo que significa que el trance de asimilar –comprender, punto neutro en ambos casos- abre el camino del arte para el lector; mientras el literato se ve obligado a cerrar perspectivas.

   El lector se inquieta, cuestiona, atesora. El artífice, si es que ha aprendido a penetrar, desentrañando su originalidad, siempre pende de un hilo; provoca peripecias aun involuntarias, dando paso al fortuito en tres actos absorbidos y vueltos a polemizar, al mejor antojo de su tiempo.
   Es entonces que, por puro accidente, lo descubren, lo asimilan, lo hacen suyo.

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